Todo lo que necesitas saber para ser arquitecto autónomo

Todo lo que necesitas saber para ser arquitecto autónomo

Alejandro

Alejandro

Arquitecto

Si estás leyendo este texto, es muy probable que en estos momentos estés en plena celebración o resaca de haber conseguido tu título de arquitecto, para el que has estado trabajando de manera muy dura siete u ocho años. Sí, estás de celebración a pesar de que por ahí te hayan dicho que estamos en crisis, que se construye el 90% menos que anteriormente y no sé cuántas cosas más.

Déjame decirte que estás de enhorabuena, aunque pienses que los años de estudiante habrán sido los mejores de tu carrera. Porque lo mejor va a empezar a partir de ahora, y no me refiero a que la gente admire tu título recién enmarcado en tu despacho con un passepartout de diseño vanguardista.

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Te esperan décadas de desafíos, en las que quizás hagas cosas que jamás sospechaste que ibas a realizar en tu época de estudiante a tiempo completo. Te llevarás sorpresas, alegrías, algún que otro sinsabor que te enseñará mucho. Seguirás escuchando por parte de algunos la palabra “crisis”.

Déjame decirte que si eres arquitecto porque te encanta dibujar planos desde pequeño, porque te pasas las horas viendo obras, porque no paras de mirar revistas especializadas como si fuesen cómics, o porque eres capaz de hacer dos mil kilómetros para visitar una obra de Le Corbusier, la crisis no existirá para ti.

Cuando sales de la facultad, es posible que ya tengas algo de experiencia en trabajos de becario o de prácticas en despachos de otros arquitectos. Has visto realmente que quieres dominar todo el proceso y no quedarte en mero pasante, y te decides a establecerte por tu cuenta. Yo he trabajado de becario, de arquitecto en prácticas, de arquitecto asalariado y de profesional independiente, y sin duda, por absoluta goleada, me quedo con la última opción.

En primer lugar, déjame decirte que no necesitas meterte en un despacho de 100 metros cuadrados en una zona muy concurrida y llena de potentados. Esto ya no es así. Tú eres tu principal producto y eres tú el que te tienes que vender. Si no te conocen, nadie va a ir a ti. Por tanto, date a conocer para conseguir clientes. Pero antes, sigue los siguientes pasos burocráticos.

Pasos para ser arquitecto autónomo

  • Darte de alta en la Seguridad Social o en la Hermandad Nacional de Arquitectos.

El 90% de los arquitectos prefieren esta última opción por ser la mutua personalizada, con seguros de todo tipo y plan de pensiones juntos en una cuota similar a la de los autónomos “normales” (250 €). En los primeros años desde el alta, hay descuentos.

  • Dar de alta tu actividad en tu ayuntamiento.

Según la normativa del mismo, puedes ejercer como “arquitecto sin despacho” o tendrás que declarar una habitación en tu vivienda. De esto se deduce que no tienes que alquilar un despacho, de hecho, muchos profesionales (entre los que me incluyo), trabajamos el 70% haciendo visitas a clientes.

  • Colegiarte es una opción recomendable.

Tu colegio dispone de un fondo de recursos considerable para que no estés perdido, mucha formación reglada con descuentos para colegiados y departamentos especializados. Además, según para qué tipo de firmas de proyectos, colegiarse es obligatorio. Te recomiendo aprovechar al máximo los recursos de tu Colegio a cambio de las cuotas que les abonas.

Decide los trámites que ofrecerás y fórmate para ser un buen especialista 

Después de dejar lista la parte burocrática, te recomendaría (y es más, deberías haberlo hecho antes de empezar la parte burocrática) acabar de decidir qué servicios prestarás y qué problemas solucionarás. Los expertos no recomiendan proclamar a los cuatro vientos que haces de todo, porque es la especialización lo que marcará la diferencia.

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Por tanto, detecta una fuente de problemas habitual relacionada con la arquitectura y proponte convertirte en el solucionador. Recuerda que aunque la construcción bajase un 90%, ser arquitecto no solamente es construir. Es más, construir es una pequeña parte del total. Existe la gestión, la rehabilitación, la eficiencia energética, el paisajismo, el cálculo estructural, etc.

Cuando hayas decidido por fin tu ámbito de influencia profesional, tienes que venderte. A través de una web, anuncios, plataformas, red de contactos, puerta fría…da igual el método, pero por muy bueno que seas en lo tuyo, si no vendes tu producto o tu persona, no facturarás.

Sé paciente: los primeros uno o dos años por regla general son de plantar, plantar y más plantar, y solamente con el tiempo comenzarán a verse los resultados si has hecho las cosas con constancia e ilusión.

Tu objetivo es conseguir que tu rueda de contactos recurra a ti de manera inconsciente, por tanto, destaca, sé descarado, no hagas lo que hace todo el mundo, innova hasta en el trámite más trivial y aporta más de lo esperado.

Por ejemplo, si tienes que enviar sobres con cédulas de habitabilidad a tus clientes, podrías rotular personalmente el nombre del cliente con sombreados, en vez de escribirlo mecánicamente, o imprimirlo. Con esto demuestras que le importas más que la media de profesionales. Hay millones de ejemplos para conseguir destacar y que te recuerden por pequeños detalles.

Finalmente, siguiendo de nuevo consejos de expertos, no te detengas en una formación permanente. Yo añado que la formación no va dirigida solamente a saber para ser mejor profesional, sino que las enseñanzas de otros te hacen ganar en seguridad para dar una imagen más sincera y rotunda a los clientes.

Siendo claros, invertir dinero en un curso, máster, postgrado o formación específica reglada supone la compra de argumentos y experiencia para salir airoso de numerosos desafíos. Aprendiendo de otros (si son los mejores, ideal) se queman etapas mucho más rápido que siendo un llanero solitario de la arquitectura.

Como cuña personal, me atrevería a decirte que si alguna vez has pensado en tomar prestada la imagen de un arquitecto estrella para conseguir clientes, creo que deberías aparcar esa idea definitivamente. El público, salvo un pequeño porcentaje, no necesita salvadores ni genios, sino personas de a pie que solucionen problemas. Un señor que te encarga una casa no querrá que le hables de ejes y espacios, sino de si tiene estanterías suficientes para meter sus 20.000 novelas. Otro señor que te encarga un certificado energético no quiere una calificación que dice que se gasta tanto y pico por m2, porque estaría más interesado en conocer cuánto va a ahorrar al mes en facturas si ejecuta las medidas de mejora.

Y, por último, pero no menos importante: lleva muy claras tus cuentas, lo que gastas y lo que ganas. Sé riguroso y sistemático en la organización de tus expedientes.

Y muy importante: procura no hacer lo que odias que te hagan cuando eres cliente.

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