Emprender como arquitecto

Emprender como arquitecto

Alejandro

Alejandro

Arquitecto

Hoy entrevistamos a uno de los profesionales de Certicalia que lleva desde el comienzo con nosotros. Nos va a contar su experiencia como arquitecto y cómo tomó la decisión de emprender. En su página se presenta con estas bonitas palabras: «Ser arquitecto no es sólo proyectar casas. Es construir y dar forma a los sueños de las personas

Mi padre es aparejador con una larguísima experiencia en dirección de obra, contratación y ventas desde finales de los años 60. En casa, cuando era pequeño, solía encontrarme con objetos extraños como “flashes” señalizadores y los utilizaba como juguete. A veces, también podía entrar en la oficina de mi progenitor, un laberinto de mesas y teléfonos forrado en moqueta, y el ambiente era muy acogedor.

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Finalmente, era muy normal hallar planos en casa de cualquier cosa, desde un piso a reformar hasta un trofeo diseñado por mi padre para sus hobbies. Así que por ósmosis entré en el mundo de la construcción y más tarde, decidí por eliminación que tenía que estudiar alguna carrera que aunase la susodicha construcción, la ciencia (era y soy fanático de Julio Verne y de la ciencia-ficción) y el arte como proceso creativo.

Treinta años más tarde, puedo asegurar que mi labor actual aúna negociación, márketing y ventas en un 70%, y conocimientos técnicos expertos en un 30%. Todo ciencia. Mis clientes – tan trabajosos de encontrar y conservar – necesitan soluciones directas a problemas, normalmente a contrarreloj. Poco arte tiene cabida en el proceso. Lo que cambian las cosas.

  • Cuando acabaste la carrera y comenzó tu vida laboral, ¿pensaste en algún momento que algún día trabajarías para ti?

Nunca. Veía imposible que alguien recurriese a un pipiolo de veintitantos años para que le construyese una caseta de perro. Los profesores de la escuela incluso nos comentaban “nadie les encargará un edificio de 200 viviendas cuando salgan de aquí”.

Para empezar, en el primer año de carrera, estuve a punto de abandonar e irme a Alemania a estudiar otra cosa. Pasada la crisis con un ingente apoyo familiar que nunca agradeceré lo suficiente, cuando finalicé la carrera, hubo una época de deriva en la que pensé que tendría que haber escogido estudios relacionados con la economía o con el márketing, e incluso me planteé dedicarme a la docencia. Pasaron trece años desde que finalicé los estudios hasta que me decidí a labrar mi propio destino.

  • ¿Cuáles fueron tus primeros pasos laborales?

Antes de acabar la carrera, ya tenía experiencia laboral en algunos despachos de arquitectos realizando prácticas de estudiante. Pero nada más acabar mis estudios de arquitectura, empecé a combinar algunos encargos sueltos como profesional que hacía a medias con un amigo de la facultad, con un Doctorado en Urbanismo, ya que siempre me ha gustado estudiar y deseaba meterme en las tripas de la Universidad y formar parte del bando de los corregidores, quizás en un jocoso intento de hacer probar a los alumnos de mi propia medicina.

Me pasé entonces de doctorando un año largo en el Departamento de Urbanismo de la Escuela de Arquitectura de Barcelona, y de allí, por recomendación, entré a trabajar en un despacho cuando finalicé mi investigación reglada. Huelga decir que mi trabajo me impidió continuar el Doctorado de Urbanismo y quedó para siempre anclado en el pasado, aunque en dos ocasiones intenté retomarlo hasta que llegó el momento en que vi claro que aquello no era viable para mi estilo de vida.

  • ¿Qué motivos te llevaron a tomar la decisión de emprender tu propio negocio?

Quedaría muy bonito contestar que fue por “salir de la zona de confort”, “porque soy un emprendedor por naturaleza” o porque me aburría dando mi tiempo para otras personas y participando en la carrera de la rata. Pero no fue así. La crisis de la burbuja inmobiliaria, que acabó con el cierre del bufete de urbanismo en el que llevaba años trabajando como empleado, fue el empujón para ir por libre.

El desempleo fue el acicate para ir por el otro camino. No tenía nada que perder. Estoy seguro de que si no hubiese habido crisis en el sector de la construcción, seguiría trabajando para otros. Pero no crean que fue fácil: me costó mucho decidirme por esta opción y mi esposa tuvo un papel muy importante en la planificación de la nueva estrategia. Y transcurrió un año y medio de tumbos, falsos comienzos y picar piedra hasta empecé a recibir encargos con cierta regularidad.

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  • Cuéntanos como es tu día a día laboral.

Aunque parezca extraño, el tiempo de visitas profesionales y de gestión de encargos ocupa dos tercios de mi trabajo total. El tercio restante es de producción. En un día normal puedo contestar de media de diez a quince correos electrónicos, realizar y recibir de diez a quince llamadas, e ir a una o dos visitas profesionales.

Tengo varios espacios reservados a la semana para ir a Correos a enviar trabajos terminados a los clientes, para comprar material, para realizar trámites burocráticos o consultas técnicas o para asistir a cursos de reciclaje o formación.

Con cierta asiduidad trabajo algunas horitas en los fines de semana, o en noches. No lo recomiendo, pero a veces hay que dar el callo extra para que en un futuro el negocio se sustente por una base más amplia de clientes y recomendaciones.

  • ¿Podrías explicarnos que tipo de trámites o trabajos sueles realizar?

Empecé haciendo certificados energéticos y cédulas de habitabilidad, apoyado en el RD 235/2013, que realmente fue una puerta de salida para muchos profesionales que nos habíamos dedicado a la edificación o urbanismo y que nos habíamos topado de bruces con el penoso 90% menos de proyectos visados.

Actualmente he diversificado mucho mi oferta. Inspecciones Técnicas de Edificios, cambios de uso, legalizaciones, Informes técnicos, Levantamientos de Planos e incluso encargos bastante inclasificables. Una vez me pidieron realizar una valoración del contenido de un bar (electrodomésticos, muebles, etc.) por una disputa familiar en una herencia. También he redactado informes técnicos que han servido en un juicio por la custodia de un niño, en los que certificaba que una vivienda era totalmente habitable y confortable. El último encargo “raro” que he presupuestado ha sido de un proyecto técnico de pintar un portal e instalar unos buzones en un edificio catalogado.

  • ¿Cómo crees que está actualmente el mercado laboral del sector?

Desconozco cómo está el mundo laboral desde el punto de vista del trabajador dependiente, porque cuando empecé a tener encargos con asiduidad me prometí a mí mismo ser independiente hasta que rindiese cuentas al Altísimo, pero desde hace dos o tres años observo cierta reactivación en el sector inmobiliario, confirmada por clientes habituales que son APIs o propietarios de inmobiliarias.

En cuanto a la edificación u obra pública, creo sinceramente que sigue estando bastante parada. No se trata en la actualidad de construir, sino de reparar y de gastar menos energía en mantener habitables los edificios.

  • ¿Qué le dirías a un joven que como tu piense en emprender?

Que lo haga en lo que realmente le guste, no en lo que le digan que es “lo mejor” o el “último grito”. Que no tenga miedo a equivocarse. Que dedique uno o dos meses a pensar en su plan de empresa antes que lanzarse a la calle. Que se forme lo más posible, no solamente en su vertiente profesional, sino en cómo vender y en marketing, porque se pasará el día vendiéndose como producto.

Keith Ferrazzi, el autor de “Nunca comas solo” o Sergio Fernández, el autor de “Vivir sin jefe”, lo explican a la perfección: “Sigue tu llama azul y convierte tu ilusión en tu sustento. Tu trabajo debe ser tu hobby”.

En mi caso, no se trata de la arquitectura la que prende mi llama azul – ya comenté que siempre tuve algunas dudas de si había escogido la carrera que realmente me gustaba -, sino lo que despierta mi pasión y ganas de trabajar son los continuos viajes y desplazamientos a causa de las visitas, que en mis épocas de oficinista tanto anhelaba poder realizar. Cuanto más lejos, mejor. Me encanta viajar en cualquier medio de transporte. La arquitectura es la excusa para moverme por la calle, respirar aire puro y llevar mi oficina a sitios realmente pintorescos en los cuales puedan ocurrirte cosas inesperadas.

También es una enorme satisfacción que algunos clientes te den las gracias porque les has resuelto su problema en poco tiempo, esa gratitud compensa con creces todo el esfuerzo realizado.

El segundo motivo que a mí me llena es que la gestión del negocio en sí me encanta y supone cerrar el círculo en aquella antigua pretensión de ser economista. Qué mejor que jugar a las finanzas que controlar tus cuentas de tu fuente de ingresos propia, con la que te sustentas a diario. Rellenar Excels, fichas, diagramas de flujo de estado de los trabajos con todas sus fases, clasificación de encargos, bases de datos de clientes…me lo paso tan bien haciéndolo que podría tirarme días con solamente esta labor.

Finalmente, como tercer punto, nunca debemos olvidar que hubo un día en el que empezamos desde cero, aunque nos vaya bien en la actualidad. Cada encargo puede ser el último, y la relajación y la sensación de euforia pueden traducirse en errores graves. En el otro extremo, tampoco debemos desanimarnos si los clientes no llaman a la puerta. Hay que ser proactivos y recurrir a la estadística. Normalmente un negocio tarda de uno a dos años en empezar a funcionar, si está bien fundamentado.

 

Gracias Alejandro por contarnos tu experiencia, desde Certicalia estamos felices y orgullosos de que formes parte de nuestra comunidad de profesionales desde hace tantos años. Muchas gracias por regalar tus consejos al resto de profesionales que están empezando.

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