Los ciudadanos de Barcelona están dispuestos a pagar más por una vivienda con buena calificación energética

Los ciudadanos de Barcelona están dispuestos a pagar más por una vivienda con buena calificación energética

Los ciudadanos de Barcelona están dispuestos a pagar más por una vivienda con buena calificación energética, en concreto 30’58 euros mensuales de media. Así se desprende de los resultados de una investigación pionera en España que constata además que todavía existe un amplio desconocimiento de qué mide el certificado energético. Esta circunstancia, que se acentúa a menor nivel educativo y a mayor edad, es clave puesto que tiene una relación directa con la decisión de compra de una propiedad de eficiencia energética alta.

Estudio pionero sobre el conocimiento de la certificación energética

Las mencionadas son algunas de las conclusiones más destacadas de la investigación ‘¿Cuánto nos importa la calificación energética de nuestras viviendas? Un análisis del nivel de comprensión de los EPC (certificaciones energéticas, por sus siglas en inglés), confianza percibida y disposición de pago en Barcelona’. Este trabajo de la Universitat Politècnica de Catalunya parte de un proyecto del Plan Nacional de Investigación Científica, Técnica y de Innovación, que ha contado con el apoyo de Certicalia.

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El estudio, pionero en España, donde hasta ahora básicamente se había analizado el impacto de estas certificaciones en los precios del mercado residencial, ofrece resultados sobre tres aspectos para los que, por ahora, no había datos empíricos: el nivel de conocimiento de las certificaciones energéticas por parte de los hogares; su disposición a pagar más por viviendas más eficientes y, finalmente, las razones por las que una persona es favorable a una mayor inversión a cambio de más eficiencia.

Bajo conocimiento de las certificaciones energéticas

En la primera parte del estudio se constató que existe un bajo nivel de conocimiento de lo que miden las certificaciones energéticas, aspecto que solo conocían con exactitud el 6% de encuestados. Al margen de este pequeño grupo, más de 4 de cada 10 participantes tenían ciertas nociones sobre un tema cuyo conocimiento está ligado al nivel de formación y de ingresos.

Otro parámetro en estrecha relación con la familiaridad con la certificación energética es la edad. En este punto, el estudio advierte de que “llama poderosamente la atención el muy escaso conocimiento” de las certificaciones por parte de mayores de 65 años, un grupo de población que forma parte de la demanda de vivienda por cambios de lugar de residencia o por adquisición de segunda residencia.

“No basta con regular el esquema certificatorio, sino que es necesario que todas las personas comprendan cabalmente su significado”, concluye la investigación sobre los datos recopilados en este apartado. En él también se ha evidenciado la preferencia por recibir en euros y no en kilovatios/hora la información sobre el impacto de una alta o baja certificación en el consumo energético. Lo mismo ocurre con las emisiones, que la mayoría prefiere conocer, no en toneladas, sino en equivalencias, como por ejemplo los árboles que se necesitan para absorber el CO2 que la vivienda dejará de emitir.

Disposición a pagar por una vivienda más eficiente

La inclinación de los participantes en este estudio por pagar más por una vivienda más eficiente fue mayoritaria. Así lo confirmó el 78% de los encuestados. Frente a ellos, un 22% declinó esta opción. Entre quienes se negaron, el argumento más empleado (por el 43%) fue la desconfianza en que la certificación energética fuera un indicador óptimo del ahorro de energía. El 11% de quienes rechazaron la posibilidad de pagar más argumentó su postura en la falta de interés por la eficiencia energética.

Entre el grupo mayoritario, el que sí pagaría por pasar de una vivienda de clase E a clase A, la media de inversión que estuvieron dispuestos a realizar se situó en los 30’58 euros, cifra muy próxima al valor del ahorro mensual que se les informó obtendrían con la mejora de la calificación energética de su hogar.

Un aspecto destacado de esta parte del estudio es la diferencia en la disposición a realizar esta inversión entre quienes optan por el alquiler y entre quienes lo hacen por la compra. Estos últimos son mucho más favorables a invertir por la mejora de la certificación energética. El nivel de ingresos también es otro aspecto que influye de forma considerable puesto que, cuanto mayor es, mayor es también la disposición a realizar un gasto adicional.

Factores que influyen en el pago de un extra

En este punto se ha observado que una mezcla de factores financieros y sociales influye en la apertura de la ciudadanía con respecto a invertir en sostenibilidad en el hogar.

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Así, el nivel de ingresos es el elemento clave que determina la inclinación de una persona hacia pagar más por una casa más eficiente. Por detrás de este elemento se sitúan los hábitos medioambientales, seguidos de la percepción de que contar con una vivienda más sostenible es “una acción ejemplar” ante los demás. La inclinación por el alquiler o por la vivienda en propiedad es el siguiente elemento que incide en la disposición a gastar más por más eficiencia, por delante del ahorro en la factura y del nivel de conocimiento del certificado.

Que aspectos como la percepción de la sociedad destaquen en este apartado representan una recompensa psicológica “que la Administración debe aprovechar”, concluye la investigación, que también apunta a que la diferencia que existe en este ámbito entre proclives a alquilar o a comprar sugiere la “integración de la política energética en el contexto más amplio de la política de vivienda”. Asimismo, los resultados también indican que existe un nicho de mercado de viviendas sostenibles a ser explotado por la promoción inmobiliaria.

Metodología del estudio

Para llegar a estas conclusiones, los impulsores de esta investigación seleccionaron en los distintos barrios de Barcelona a una serie de participantes, todos residentes en la ciudad, mayores de edad y con participación activa en las decisiones de compra.

Con eso, en mayo de 2016 se realizaron una serie de entrevistas, la mitad online y el resto presenciales, en las que se indagó sobre los tres aspectos fundamentales que aborda el análisis. Tras descartar los formularios incompletos, se recopilaron datos de 261 participantes.

Para evaluar la disposición de pago se partió de un ejemplo concreto, el de la mejora de la clase energética de la E a la A para un apartamento de 3 habitaciones, 2 baños y 81’5 metros cuadrados de superficie útil. Este tipo de inmueble es el predominante entre los de reciente construcción en Barcelona.

Asimismo, antes de realizar la entrevista, se informó de que el ahorro en las facturas de la luz y del gas que propiciaría esa mejora de la calificación energética sería de 30 euros mensuales. Al tiempo, se comunicó que, con esta mejora, la reducción de emisiones de CO2 sería la equivalente a la circulación de un turismo durante 16.000 kilómetros.

Carlos Marmolejo Duarte, Alejandra García-Hooghuis y Anna García-Masiá son los autores de este análisis, que se puede consultar en su integridad en la Revista Hábitat Sustentable, que publica el resultado de este proyecto del Plan Nacional de I+D.

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